El sistema de salud británico ha catalogado este síndrome con un nombre específico: TATT, que significa "cansancio todo el tiempo". Algunas veces, aunque se sigan con dedicación las recomendaciones de un estilo de vida saludable, como el ejercicio regular, un buen descanso y una dieta equilibrada, que supuestamente garantizan el ansiado bienestar físico y mental, existe un área en la que también necesita trabajar para superar la fatiga crónica: el estrés en general y los patrones de pensamiento rumiantes, las preocupaciones excesivas y el sobreanálisis en particular.
Esto puede generar un impacto palpable en el nivel de fatiga y en la capacidad para funcionar en la vida diaria.
¿Por qué nuestras preocupaciones activan nuestro sistema de alerta?
La psicóloga Mª Jesús Álava Reyes, autora del exitoso libro "La inutilidad del sufrimiento", lo explica en detalle. "De manera automática, activamos el sistema nervioso autónomo, específicamente la parte simpática. Esto tensa todo nuestro cuerpo, preparándolo para la acción, como si estuviéramos frente a una situación de peligro inminente. Esta activación del sistema provoca fatiga, ya que ejerce un desgaste excesivo en el cuerpo, irritabilidad en el aspecto psicológico y una pérdida significativa de control emocional. Incluso si estamos aparentemente inactivos, el cansancio acumulado se asemeja al que sentiríamos si hubiéramos realizado un esfuerzo físico intenso durante horas. Mientras estamos atormentándonos con pensamientos que nos preocupan, mantenemos nuestro organismo en un estado extremo: nuestros músculos están tensos, nuestro corazón late rápidamente y respiramos más rápido de lo normal... Al final, terminamos agotados", explica.
¿Por qué el exceso de pensamiento agota nuestra energía y afecta nuestra salud?
Además, estos pensamientos repetitivos y obsesivos no solo nos agotan físicamente al mantener nuestro cuerpo en un estado de alerta constante, sino que, como señala la psicóloga Laura Palomares de Avance Psicólogos, la elevación de los niveles de cortisol que esto provoca puede afectar negativamente la calidad del sueño, debilitar el sistema inmunológico y tener un impacto en nuestra salud en general.
Aquí tienes cinco sugerencias para gestionar el estrés mental:
1. Cuando te encuentres inmerso en pensamientos recurrentes, es importante seguir adelante con tus actividades cotidianas. Mantén tu rutina y evita quedarte atrapado en esas preocupaciones.
2. Evita darle vueltas excesivas a situaciones pasadas que ya han ocurrido. Enfócate en el presente y en lo que puedes hacer ahora mismo.
3. Acepta que no tienes el control total sobre todo en la vida. Reconoce que hay cosas que no puedes cambiar ni manejar, y está bien no tratar de controlarlas.
4. Utiliza el sentido común para calmar emociones intensas. A veces, pensar con lógica y racionalidad puede ayudarte a enfriar tus emociones.
5. Cultiva el sentido del humor. El humor puede fortalecer tus defensas físicas y mentales, promover tu equilibrio emocional y mejorar tus relaciones sociales y tu autoestima. En palabras de Álava Reyes, "desarrolla nuestro ingenio".
Estos consejos pueden ser útiles para detener el ciclo de pensamientos rumiantes y reducir el agotamiento mental que conlleva, promoviendo un estado emocional más positivo.
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